miércoles, 30 de enero de 2013

EL RESIDENTE



Antonio Halo era muy bueno, se pasó toda la vida trabajando poniendo suelos y encerándolos, decían que le gustaba mucho jugar en el casino pero por lo menos era un hombre que bebía con moderación, sólo tenía el vicio del juego.

Por eso al final de sus días le pusieron sus hijos en un asilo y le dijeron que no era el final de sus días, pues nuestras vidas están en manos de Dios y hay gente que vive mucho tiempo, lo que sucede es que las leyes de la naturaleza son así para todo el mundo: los jóvenes se divierten, se forman, se buscan un oficio y se casan, luego tienen hijos y después disfrutan de una jubilación y al final, al final...a uno le toca morirse. Morirse joven no es natural, no sigue las leyes de la naturaleza...es mala suerte.

Todos se pusieron contentos en la familia cuando Antonio Halo se fue a un casino donde se jugaba al póker, pues es una terapia buena para mantener activas las neuronas, y al bingo, por la cosa de la memoria retentiva y los reflejos.

Los días pasaban y Antonio tenía recuerdos de su vida y Antonio se dió cuenta de que siempre había tenido recuerdos de su vida, era una cosa muy extraña.

De adolescente recordaba su niñez, de joven su adolescencia, de maduro su juventus y de anciano su madurez y entonces pensó...¡A LA GENTE LE GUSTA RECORDAR! tanto lo bueno cómo lo malo, y algunos más lo bueno pero otros más lo malo porque hay gente que es que "le gusta esa película" esa película en la que todos tienen la culpa de sus males y él es un pobre víctima, lo que siempre es una verdad, pero a medias...

Entonces Antonio se dijo: "buscaré a alguien para contarle mi vida" y cómo en la mili o en la cárcel el compañero de cuarto no sirve, porque, es así, es el que vive contigo...con el compañero hablas del presente...¿Por qué? Pues porque es el que vive contigo...y también hablas del futuro...¿Por qué? Pues por lo mismo.

Entonces Antonio Halo, que era muy listo a pesar de la medicación porque siempre estaba pensando, llegó a esta conclusión:

Si no le cuento mi vida pasada a la gente con la que comparto mi vida presente es por algo, es porque está gente es la que está en mi futuro...o no.

A Antonio siempre le quedaba la duda, pensaba que era lo educado. Tenía una mente cartesiana pero nunca había leído a Descartes, era de Campaspero.

Su compañero de piso, que era de Cabezón, se negaba a hablar con él de su pasado y no se hablaban con los provincianos que se creían más sabios que ellos por haber nacido en una ciudad con un treinta por ciento más de población, era porque en provincias hay grandes teatros y museos y bibliotecas y en los pueblos no...Lo que Antonio Halo no comprendía era ese concepto de creerse más listo que nadie porque en tu provincia está el más importante museo de pintura policromada del mundo. museo que por otro lado, no tienes el gusto de conocer...¡Pero por qué no te da la gana! La cultura debía ser algo así cómo la posibilidad de tenerla, una cosa muy triste.

Así que los de pueblo y los de provincias se picaban jugando al póker hasta que un día hubo una bronca monumental y los platos fueron todos de plástico desde aquel día, cómo cuando una noche se escaparon todos a los servicios porque metieron a un señor nuevo de Barcelona que venía contando marranadas y le acabaron queriendo liar con la ATS, una cosa muy triste también.

Y un día el compañero de piso le preguntó:

--¿Sigues creyendo que estamos todos viviendo en un casino?


Había otro señor que había estado internado en un colegio de niño, pero a ese no quería escucharle nadie. Ni cuando hacían terapia. Los mejores momentos eran a la hora de la comida, pues era buena y abundante y cada día le colocaban con gente nueva y no era negociable, hasta las onces de la noche se podía escuchar el hilo musical, menos una vez que se estropeó. Cuando las enfermeras no daban a basto cuidaban los unos de los otros, sabían todos hacerlo. Antonio sabía por qué.



A Antonio un día vino a visitarle un amigo que venía de residencia de ancianos asturias  donde se vivía de lujo, entonces se escapó del casino no sin antes pasar a gastarse sus ahorros de las ganancias bigueras en un par de